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TUE, Jan 31, 2023

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Cervicales libres de tensión y sanas

Si tenemos en cuenta que el peso de la cabeza (aproximadamente de unos 5 kg) reposa sobre dos soportes de tan sólo 1 cm de diámetro, es decir, sobre la primera vértebra cervical, podemos imaginar qué ocurre cuando se encuentra mal apoyada sobre este pedestal. Entonces, todó su peso recae sobre los músculos del cuello y la espalda, produciendo una gran tensión que acaba originando contracturas y rigidez muscular.

LAS MALAS POSTURAS

Son precisamente las malas posturas las que acaban por desplazar la cabeza de su estado de equilibrio. En concreto, una de las que más maltrata la espalda y fuerza las vértebras cervicales consiste en acomodarse en un sofá muy mullido con un cojín colocado bajo la nuca. Aunque al principio nos sentimos muy a gusto, lo que sucede en realidad es que estamos forzando la curvatura natural de la columna vertebral. Pero también al realizar actividades como conducir, planchar, dormir, trabajar con el ordenador o mirar la televisión solemos adoptar posturas que perjudican bastante nuestras cervicales. Incluso otras aparentemente tan cotidianas como secarse vigorosamente el pelo con una toalla son capaces de desencadenar tensión en el cuello.

Para mantener una posición sana debe ser la columna y no los músculos del cuello la que sostenga la cabeza. Pero, ¿cómo recuperar la buena posición de esta zona? Es tan sencillo como colocar un libro sobre la cabeza y aguantarlo en equilibrio. Luego, sin dejarlo caer, balancearla ligeramente hacia delante, hacia atrás y de izquierda a derecha, con pequeños movimientos. A continuación, nos desplazaremos muy lentamente, nos sentaremos en una silla, nos levantaremos … todo ello sin dejar caer el libro. Realizar este ejercicio en la vida diaria es ideal para darnos cuenta de lo alejadas que suelen estar nuestras posturas de la correcta y para volver a encontrar la posición de equilibrio de las cervicales. Incluso quienes no sufran molestias también pueden realizar unos ejercicios de manera preventiva.

EL TRABAJO NO AYUDA

Los malos hábitos posturales provocan que, al final, nos duelan las cervicales. Tanto es así, que la cervicalgia constituye una de las dolencias más frecuentes en traumatología. Suele manifestarse como una molestia en la nuca que se traslada hacia la parte posterior de la cabeza y ambos hombros, y que desaparece al cambiar de postura o al acostarse. Con el tiempo puede intensificarse, los movimientos de cuello se limitan y el dolor se irradia a los brazos y manos, con hormigueos o pérdida de fuerza. También es frecuente que se acompañe de crujidos al ladear la cabeza, mareos, sensación de inestabilidad …

Y si bien antes el dolor cervical se asociaba al envejecimiento, en la actualidad se da con más frecuencia entre las personas de 35 y 65 años, edades que coinciden con la vida laboral, algo que no resulta en absoluto casual. Es más, tensión, ansiedad o una mala ergonomía en el lugar de trabajo hacen que el trastorno sea más frecuente y que su prevalencia vaya en aumento.

Algunas terapias naturales pueden ser útiles para prevenir o tratar el dolor cervical. La homeopatía se recomienda en tratamientos a largo plazo, no en crisis puntuales, mientras que la acupuntura es ideal como terapia de choque en el momento de las crisis para reducir el dolor. Relacionada con ésta encontramos la digitopuntura, que utiliza presiones precisas con las yemas de los dedos (durante 30 segundos en los mismos puntos de acupuntura), y que es capaz de aliviar las tensiones musculares y reactivar la circulación sanguínea. Por su parte, el quiromasaje y la osteopatía son eficaces para desbloquear la contractura. También podemos relajar la zona mediante la aplicación de calor (con la ducha, una bolsa de agua caliente o esterilla). Por otro lado, los expertos aconsejan ejercicios de relajación (yoga o tai-chi) pues, además de enseñar a respirar, autocontrolarse y relajarse, promueven la higiene postural.

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